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lunes, 4 de marzo de 2013

Hay casos que mejor, los santos oleos

Queridos lectores,

Hace unas semanas me busco una muchacha desesperada, buscando ayuda para su empresa pues que necesitaba urgentemente conseguir un plan de restructuración / reingeniería sobre lo cual tengo mi buena dote de experiencia. Me citó a las 11am, sin posibilidad alguna de modificación, y de un día para otro, es mas, fueron menos de 12 horas de anticipación. Yo ya tenía otra cita agendada, lógica y previsiblemente. Le pedí que me llamara por celular. Negativo. Es mas, me discutió durante una hora vía chat las razones por las cuales ERA MI DEBER atenderle a la hora y en la forma que ella me necesitaba... Clave: Ella me necesitaba a MI.
Total, noté su desesperación, cancelé mi cita que llevaba dos meses persiguiendo, y me senté pacientemente a esperar su llamada por Skype a la hora, medios, todo lo que ella me demandó... la sigo esperando...

He visto muchas, demasiadas a decir verdad, empresas que así son los síntomas del inicio de su caída, de su ya prácticamente inevitable muerte, aunque a primera vista parezca lo contrario. Hay muchos estudios al respecto: Dentro de la desesperación, se buscan soluciones de corto plazo, la bala de plata, la cura del cáncer en una pastilla y se está dispuestos a pagar millonadas, causando una hemorragia prácticamente imparable. Aunque es cierto que a veces por la desesperación no vemos la solución que puede estar frente a nuestras narices y podría ser inmediata, muchas veces, incluyendo soluciones inmediatas suelen estar en las raices, en los cimientos de las empresas, prácticamente invisibles ante los ojos inexpertos, y a veces aun ante expertos, pues aún estos, muchos de mis colegas se quedan con esa primer vista superficial. Asi es como llegan los tiburones, por debajo de la superficie y oliendo la desesperación como sangre en el agua que solo llegan para terminar de arrancar a pedazos la presa. Lo he visto  ya demasiadas veces, incluyendo en el Discovery Channel, vaya, sigue siendo el mismo instinto y más en el mundo corporativo. También es cierto que habemos poquitos, pero habemos, quienes si sabemos de cirugía corporativa, aunque sea para la reconstrucción de Frankenstein´s.

Digo, es verdaderamente increible como se puede ser tan ridículamente insensato.  Y no lo digo específicamente por esta personita, que ni siquiera tuvo la decencia de... nada, ninguna decencia de nada.

Pero también puedo asumir sin mucho margen de error que pobrecita, su jefe así la debe de tratar, por tanto la cultura de esa empresa así de podrida debe estar... Si termina por buscarme, que sé lo hará algún día, sospecho me va a costar el doble de trabajo y le va a costar el triple de dinero.... El que ya haya pagado mas el de mi reanimación Frankensteiniana...

Hay casos que mejor recetamos los santos oleos.